Técnicas de Concentración
Más vale un gramo de práctica, que una tonelada de teoría
Concentración pura
• Unifican la conciencia.
• Ponen el pensamiento bajo control.
• Fortalecen la capacidad de atención y la concentración.
• Activan la memoria y otras funciones de la mente.
• Previenen contra la dispersión mental.
• Pacifican la mente y las emociones.
• Reportan sosiego y ecuanimidad.
• Permiten conseguir elevados estados de abstracción mental.
Seleccione un color (puede ser el de su preferencia) y dirija la mente al mismo, concentrándose tanto como pueda. Vaya absorbiendo la mente en el color elegido, pero no fomente el discurso mental. Cada vez que la mente se escape y se percate usted de ello, devuélvala al objeto de la concentración.
Seleccione una figura geométrica (un cuadrado, un círculo, un rectángulo, un rombo) y concentre la mente en la misma tanto como pueda, evitando en lo posible distracciones o corrigiéndolas cuando se presenten.
Elija una figura geométrica y represéntesela sobre un fondo del color que seleccione, como por ejemplo un cuadrado sobre un fondo amarillo.
Mentalice un punto luminoso (como una estrella) a la altura del entrecejo y concéntrese tanto como pueda en el mismo.
Siéntese frente a una vela encendida, con las luces apagadas. Fije la vista, sin parpadear, en la llama durante unos dos o tres minutos y después cierre los ojos y presiónese ligeramente los párpados con las palmas de las manos. En seguida verá la imagen impresionada en la retina. Concéntrese tanto como pueda en la misma, hasta que se haya disipado por completo. Repita el proceso.
Imagine frente a usted una pequeña esfera (del tamaño aproximado de una nuez) de luz blanca y pura. Deje que toda la mente se vaya concentrado más y más en la esfera de luz, evitando divagaciones mentales.
Imagine un fondo negro, como si, por ejemplo, un velo cayera sobre sus ojos. Vaya así ennegreciendo toda la mente hasta conseguir la denominada «noche mental».
Atención a la respiración
• Sedan el sistema nervioso.
• Purifican la percepción.
• Calman y esclarecen la mente.
• Hacen la cognición más fiable.
• Reordenan el inconsciente.
• Favorecen la coordinación entre mente y cuerpo.
• Previenen contra trastornos provenientes del estrés.
• Eliminan la dispersión mental y la ansiedad.
• Cultivan la atención mental pura, libre de pensamientos, juicios y prejuicios.
Fije la mente con mucha atención en la respiración. Cada vez que vaya acabando una exhalación cuente el número correspondiente, comenzando por 1 y acabando por 10. Al llegar a diez, recomience la cuenta. Debe tomar el aire, pues, con plena conciencia, pero contar sólo las exhalaciones, estando también muy atento a las mismas.
Retire la mente de todo y conéctela con la respiración. Tórnese un atento observador del movimiento de la respiración. Sumamente concentrado, pero sosegado, observe cómo el aire viene y cómo el aire parte, sin pensar, sin analizar, contemplando la inhalación y la exhalación.
Sea respiración, conviértase en respiración. Somos básicamente seres respirantes. Vaya absorbiéndose y extasiándose más y más con la respiración, de instante en instante, sin pensar ni divagar, hasta quedar lo más ensimismado que pueda a través de la misma.
Retire la mente de todo y fije la atención en las aletas de la nariz. Inhale y exhale con normalidad por la nariz. El aire crea un roce o toque en alguna parte de la nariz, que es la denominada sensación táctil del aire. Sin pensar, analizar o reflexionar, concéntrese en dicha sensación tanto como pueda. Con la práctica, cada día la irá sintiendo más intensamente.
Desconecte la mente de todo para concentrarla en la respiración. Siga con mucha atención, y libre de pensamientos, el curso de la inhalación y de la exhalación, pero ponga más atención, si cabe, a tratar de captar y percatarse del fugaz instante en el que la inhalación confluye y se funde con la exhalación y la exhalación lo hace con la inhalación.
En este ejercicio haga más lenta y larga la exhalación. Desconecte la mente de todo y concéntrese en la respiración. Tome el aire con mucha atención, pero el secreto del ejercicio está en la exhalación. Al ir exhalando lentamente, déjese llevar y abandonar con la exhalación, liberándose de tensiones y ansiedad, encontrando un espacio de calma profunda.
Respire un poquito más lenta y prolongadamente. Al inhalar, mentalice que se satura de calma profunda y, al exhalar, que va liberándose de cualquier sensación de intranquilidad. Procediendo de esta manera, vaya cultivando un estado de sosiego.
Atención al cuerpo
• Desarrollan en alto grado la atención y la ecuanimidad.
• Favorecen la unidad psicosomática.
• Drenan el inconsciente y lo reorganizan.
• Ayudan a afirmar el poder interior.
• Modifican la actitud de la mente y la hacen más estable.
• Favorecen la visión cabal y la transformación interior.
• Ayudan a eliminar los condicionamientos psíquicos.
• Reportan libertad interior.
• Confieren una mayor resistencia psíquica ante las adversidades.
Retire la mente de todo y céntrela y concéntrela en el cuerpo. El cuerpo se convierte en el objeto de atención pura y el secreto de este ejercicio está en sentir sin reaccionar, es decir, sin estar a favor ni en contra de los sentidos y sin someterlos a valoraciones de ningún tipo. Sienta. La mente se retira de todo y se instala en el cuerpo. Primero, durante unos instantes, tome conciencia de la postura, vívala. Después sienta el cuerpo por partes y también en conjunto y esté muy atento a las sensaciones, burdas o sutiles, que se vayan presentando. Cada vez que la mente se escape, en cuanto se dé cuenta de ello, retómela y retrotráigala al cuerpo.
Se trata de ir moviendo lenta y minuciosamente el foco de la conciencia por todas las partes del cuerpo, sin que ninguna de ellas pase desapercibida. No es un ejercicio de pensar o imaginar, sino de sentir o no sentir. Cuando no se siente, se sabe que no se siente. Hay que ir deslizando el foco de la atención desde la cima de la cabeza hasta el dedo gordo del pie y del dedo gordo del pie a la cima de la cabeza, lentamente. Cuando no sienta una zona, deténgase un ratito en ella y luego, la sienta o no, siga adelante. No se trata de sumar recorridos, sino de hacerlo bien, con máxima atención y ecuanimidad.
Visualización
• Reeducan las emociones.
• Reacondicionan positivamente el subconsciente.
• Colaboran en la transformación psíquica.
• Estimulan la imaginación creativa y controlada.
Retire la mente de todo y céntrela y concéntrela en el cuerpo. El cuerpo se convierte en el objeto de atención pura y el secreto de este ejercicio está en sentir sin reaccionar, es decir, sin estar a favor ni en contra de los sentidos y sin someterlos a valoraciones de ningún tipo. Sienta. La mente se retira de todo y se instala en el cuerpo. Primero, durante unos instantes, tome conciencia de la postura, vívala. Después sienta el cuerpo por partes y también en conjunto y esté muy atento a las sensaciones, burdas o sutiles, que se vayan presentando. Cada vez que la mente se escape, en cuanto se dé cuenta de ello, retómela y retrotráigala al cuerpo.
Se trata de ir moviendo lenta y minuciosamente el foco de la conciencia por todas las partes del cuerpo, sin que ninguna de ellas pase desapercibida. No es un ejercicio de pensar o imaginar, sino de sentir o no sentir. Cuando no se siente, se sabe que no se siente. Hay que ir deslizando el foco de la atención desde la cima de la cabeza hasta el dedo gordo del pie y del dedo gordo del pie a la cima de la cabeza, lentamente. Cuando no sienta una zona, deténgase un ratito en ella y luego, la sienta o no, siga adelante. No se trata de sumar recorridos, sino de hacerlo bien, con máxima atención y ecuanimidad.